5 cosas que hubiese querido saber a mis 20 años

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Hay tantas cosas que desconocía a mis 2 décadas que me encantaría echar atrás el tiempo y cambiar ciertas situaciones o sentimientos. Pero como no se puede, me conformo con escribir este listado. ¿Y ustedes se arrepienten de algo de su folio pasado?

Miren la foto de esta nota. Así, lucía a mis 20 y tantos años. Creo – y lo digo sin falsa modestia – que estaba bastante bien. Sin embargo, en esa época era un atado de inseguridades, siempre me sentía gorda, nunca me sentí lo suficientemente bonita ni lo suficientemente inteligente. Dicho de otro modo, jamás me creí el cuento. Y si bien dicen por ahí que uno nunca debe arrepentirse de las cosas hechas o pasadas porque son las que te convierten en quien eres en el presente, debo confesar que me arrepiento de no haberme visto bien desde afuera, en perspectiva y en el espejo.

De hecho, siempre bromeo con que si me hubiese enterado de lo flaca y regia que era en ese entonces (aún tiro mis petardos pero no se puede negar que a los 20 años una tiene la piel más tersa), habría tratado siempre de andar con la menor cantidad de ropa posible ja!!

Por suerte a mis 30 y tantos años he conseguido ese “superpoder”, ese que te permite aceptarte tal cual es, que te hace sacarte partido y potenciar lo bueno que tienes en ti. ¡Menos mal!  porque habría sido realmente triste, el llegar a los 40 años, pensando que debí sacar mejor provecho de mi época de treintañera.

Como sea, quise enumerar todas esas cosas que me hubiese encantado saber a mis 20 años, que hoy sé, pero que a mis 2 décadas ni vislumbraba.

1-La opinión del resto  sobre mí y mi vida, me vale maní

Me preocupaba mucho lo que el resto decía o pensaba de mí, de complacer al resto, de hacer cosas que hicieran que el resto me aceptara. Recuerdo un hecho en particular que hoy habría manejado de una forma mucho más escandalosa que en ese tiempo. Alguna vez estuve casada y me separé. Tenía 25 años y resulta que los mejores amigos de mi ex marido trabajaban en la misma oficina que yo. Fueron mala onda, amargos e incluso groseros tras mi separación. Hablaron de mí con otros compañeros y otros me quitaron el saludo. En esa época me sentí muy mal, culpable, triste, hasta asustada. Una pena, porque si  hoy me pasa algo así,  no habría tenido problema alguno con hacerle un hoyudo en el pasillo a quien quisiera hacerme sentir.

2-Los papás no son eternos

Aún cuando siento que fui una buena hija y que compartí mucho con mis papás, siento que pude compartir aún más. Si a mis 25 años hubiese sabido que tan solo me quedaban un poco más de 10 años con ellos, me habría ido de vacaciones junto a ellos, habría estado más pegada como lapita. Habría salido más veces a solas con mi mamá, la habría invitado muchas veces a comer, a pasear, habría conversado aún más con mi papá.

3- Soy una buena mujer

De buenos sentimientos y de buenas intenciones, no soy perfecta pero son una buena mujer y por ende, me merezco cosas buenas y gente buena a mi alrededor. El “And the lived happily ever after” y toda esa vaina.

4-Soy linda tal cual soy

Con mi pelo aleonado, crespo, con mis caderas anchas, con mi nariz media prominente, incluso con cara de ardilllezca. Soy linda y si alguien no me encuentra linda, no podría importarme menos porque tengo espejo. Gracias.

5-Soy resiliente

De esas personas que se caen y son capaces de volver a levantarse, de esas que no lloran mucho tiempo por la leche derramada, de esas que no se quedan pegadas en odios ni en relaciones pasadas, de esas que prefieren perdonar y perdonarse porque sabe que no hacerlo es autoboicotearse y la verdad es que nadie es tan importante como para que yo me dispare a los pies.

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6-El amor de verdad es tranquilo

Durante muchos años juré de guata que el amor de verdad era ese intenso, con muchos altos y bajos, esos que te mantienen entretenida como una buena teleserie, pero la verdad es que el amor, ese que nos hace bien es más una laguna que un río torrentoso.  Sin embargo, con los años, he ido adquiriendo el gusto de la paz, de esos amores tranquilos que te hacen sentir feliz por la mañana y que sabes que siguen ahí al día siguiente, el resto siento que es pura challa.

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