6 dolores a los que nos podemos enfrentar a los 30

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Los 30 años es una edad maravillosa, pero puede que la vida también te ponga  a prueba a lo largo del camino. Acá, algunas situaciones complejas por las que podrías atravesar en esta etapa.

Cumplir y transitar por los 30 años es toda una aventura. Se trata de una edad muy especial para todas nosotras, ya que es el punto en que comenzamos a mirar la vida de una manera distinta, que comenzamos a encontrar algunas respuestas, que comenzamos a valorarnos más y a elegir mejor y más sabiamente. Es, sin duda, la edad del autodescubrimiento.

Y por todo lo anterior es que puede que durante esta década nos tengamos que enfrentar a algunas situaciones complejas, dolorosas que de seguro nos harán cuestionar una serie de asuntos y materias en nuestras vidas. Porque no se conoce la luz, sin haber estado en la oscuridad, acá van algunos de esos posibles dolores que pueden venir con esta etapa.

1-La muerte de uno o ambos padres

A mis 34 años me tocó enfrentar la muerte de mi mamá en manos de un cáncer. La verdad es que el dolor ya venía de cuando tenía 33, cuando se le detectó cáncer y debió someterse a una operación. Los doctores fueron lapidarios con respecto a la esperanza de vida: 16 meses, pero el amor de mi mamá por la vida, la hizo salir de esa sentencia y vivió más que eso. Es difícil para mí poder expresar en palabras lo que fue todo ese tiempo, el ir a verla, compartir con ella lo que más pude, contarle mis cosas, escucharla a ella. Pasó por un buen tiempo en que parecía que no estaba ni enferma, pero luego, casi de un día para otro comenzó a decaer. Mi papá, enfermero jubilado, me lo advirtió con tiempo para prepararme, recuerdo sus palabras exactas: “tengo miedo de que comenzó a acercarse el final”. Y así fue. Creo que cada vez que iba de visita, me despedía un poco de ella, me aguantaba las lágrimas y cuando era demasiado, partía al baño a llorar. Luego, me iba llorando a mi casa y seguía ahí con mi ritual de tristeza.

Mi mamá era mi mejor amiga, mi pilar, la persona a la que recurría cuando tenía algún problema o pregunta sobre la vida. Ella, me las resolvía todas. Con su muerte, mi vida cambió para siempre, la vida de todos que la amaban como mi papá y hermana también cambió. Y no hay día en que no piense en ella, en especial cuando estoy aproblemada y me pregunto qué es lo que ella me diría o aconsejaría.

El fallecimiento de uno de nuestros padres o de ambos, es una situación tremendamente dolorosa que puede que vivas a tus 30 y tanto, pero si tienes un poco de suerte, quizás tengas más tiempo para compartir con ellos. Si es así, aprovéchalo. Los papás no son para siempre. Por mi parte, puedo decir que tras la muerte de mi mamá, me volví más fuerte, porque a pesar de todo, sobreviví y concluí que sí podía sobrevivir a eso, podía sobrevivir a cualquier cosa. Además, me ayudó a ver la vida y mis relaciones desde otra perspectiva, a aprender a priorizar aquellas cosas que de verdad tienen una injerencia en mi vida y a no tomarle tanta importancia a las que no.

2-El fin de un amor o una relación significativa

Bueno, para el amor no hay edad ni momento perfecto, cuando llega, llega. Sin embargo, a los 30 y tantos, una suele ya sentir ganas de establecerse, formar familia, echar raíces. A los 30 y tanto una ya está más madura, una quiere más cosas, quiere un partner, un compañero de vida. A los 30 años una ya ama de una forma mucho más real y también espera y busca lo mismo.

Puede que nuestros 30 y tantos nos casemos, nos comprometamos o decidamos vivir con alguien que pensamos que es “el indicado”, esa persona que nos motiva a apostar nuevamente  (o por primera vez) todas nuestras fichas. Nos la jugamos, creemos, nos ilusionamos, sentimos certezas, nos sentimos amadas y amamos, pero…. la vida a veces nos sorprende, la gente a veces nos sorprende y de pronto puede que pasemos de estar en una relación bella y llena de amor, a una relación sin gusto a nada, al lado de un hombre que no conocemos.

A los 30 años las separaciones, términos o rupturas se viven de una forma muy distinta que a los 20 y tantos (y estoy segura que también se vive de manera distinta a los 40 y así). A los 30 años, ya no hay tanto tiempo (ni ganas) de pasar llorando todo el día y quejarnos por nuestra mala suerte o malas elecciones. No hay tiempo, porque ya sabemos que la vida es demasiado corta y bella para eso. Y porque hay que levantarse a trabajar, hay que pagar las cuentas, hay que rearmarse y sabemos que mientras más rápido lo hagamos, mejor.

Esto, no quita que un desamor, nos rompa el corazón. Pero lo llevamos como una herida o un dolor más bien privada. Quizás lloramos de vez en cuando y recordamos los viejos buenos tiempos, pero entendemos perfectamente que si esa relación no funcionó no fue por obra del destino ni porque una hizo algo mal ni porque el otro era un malvado, sino porque simplemente tenía que llegar hasta donde llegó y que la vida quiere otra cosa para nosotras, algo mucho mejor.

Quizás cuesta sacudirse de la pena, quizás cuesta sacudirse de la sensación amarga que deja un término y quizás cuesta volver a reencantarse con el amor y volver a confiar, pero hay algo que está muy claro, que nadie en este mundo (NADIE) merece que una se vuelva amargada, tan sólo porque él no vio algo que tú sí fuiste capaz de ver.

3- La maternidad

Siempre es un tema para todas las mujeres, ya sea para quienes sueñan con ser mamás como para quienes no quieren ser mamás. Para las primeras, puede convertirse en un dolor que a los 30 y tantos aún no hayan podido tener hijos, ya sea por razones físicas, por alguna enfermedad o porque simplemente no han encontrado a la persona indicada para formar familia. Comienza a sonar el fastidioso reloj biológico, así como también comienza a sonar la presión de la sociedad.

Por otro lado, para quienes no quieren ser mamás, también el tema de la maternidad puede ser un drama. El tener que explicar una y mil veces que no tendrás hijos y no porque no puedes o porque eres lesbiana o una mujer egoísta, sino porque así lo decidiste y punto. Aún en pleno 2016, esto es un tema y pocos entienden que se trata de una decisión personal que no tiene por qué ser cuestionada y juzgada.

4-Amistades que decepcionan

A lo largo de mis ya 36 años (y contando) he logrado generar lazos fuertes de amistad con algunas personas. Amigas a las que he considerado más que eso, algo así como hermanas adoptadas. Sin embargo, también me he topado con la decepción, situaciones que nos alejaron para siempre, cosas que quizás sí tenían solución mediante una conversación clara y cara a cara, pero que no se dio.

Llevo en mi corazón el recuerdo de una amistad con alguien que estuvo a mi lado en mi peor momento y a la que yo también acompañé en el suyo. Sin embargo, por malo entendidos hoy ya no hablamos.

He hecho mi mea culpa respecto a estas situaciones o finales. Y también me he dado cuenta que he tenido responsabilidad sobre estos alejamientos, mi falta de tolerancia y mi poca comprensión que las personas no son perfectas y que son falibles y que yo misma no soy perfecta y muy falible, me han hecho entender que yo también he obrado mal.

La decepción es parte de la vida, es cierto, pero a los 30 y tantos debemos entender (o intentar entender) que de la única persona que puedes y debes esperarlo todo es de ti misma, y que hay aprender a querer y a entender a los demás, aún cuando no se comporten como una quisiera.

5-Un trabajo que no es para ti

El ser una mujer exitosa, tener dinero, un cargo, un trabajo de película a veces son exigencias o presiones a las que nos vemos sometidas todos los días y puede que lo consigas y todo, pero ¿y qué pasa cuando no te gusta tu trabajo? ¿qué pasa cuando en vez de eso, quisieras aventurarte con alguna loca idea de negocio o emprendimiento?

El constatar que todos los días te levantas temprano para hacer algo que no te gusta o que derechamente no te apasiona es difícil, complejo y duele. Hay quienes se resignan a ello con tal de mantener un estilo de vida o hacer feliz a los demás, pero están también quienes se arman de valentía y toman riesgos, aún cuando todo el mundo las tilde de locas o irresponsables.

6-Soltería impuesta

Es maravilloso tener 30 años y estar soltera, sientes que tienes el mundo a tus pies, pero cuando esta es una situación “impuesta” no es tan maravillosa. Vale decir, eres una mujer que está soltera pero no por opción, sino porque simplemente no has encontrado a nadie que realmente valga la pena o porque las parejas que has tenido han terminado por decepcionarte o traicionarte.

El no haber encontrado un amor bonito, el no haberte sentido amada realmente por una pareja, también es un dolor con el que te puedes topar a tus 30 y tantos. Ahora, hay que aclarar que esto no es el fin del mundo ni nada, o sea, hay vida (mucha vida) más allá que la de tener a un hombre al lado. Se puede ser igual o más feliz, pero, hay que trabajar en la autoestima y en la independencia cuando uno aún así sueña con tener una relación estable y la vida no te ha dado aún esa posibilidad.

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