Cuando tienes 30 años y quieres replantear tu vida

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Durante nuestra vida, nos enseñan que los 30 años es el tiempo de echar raíces, de tomar decisiones que serán para siempre, decisiones de vida radicales, que es el tiempo para sentar cabeza y para abrazar esa cosa que pareciera ser tan maravillosa que llaman “estabilidad”. Pero lo que nadie nos dicen que los seres humanos somos mucho más complejos que eso. Las invitamos a leer esta pequeña reflexión.

Cuando tenía unos 18 años, si alguien me preguntaba cómo veía mi vida, yo respondía cándidamente que me veía casada y con al menos un hijo a los 27 años. Porque claro, a los 18, tener 27 era como ya ser súper adulta y súper resuelta, pero lo que hay en nuestra imaginación y lo que vemos en las películas, dista mucho de lo que pasa en la realidad.

Me casé a los 25 (hasta ahí iba súper bien acorde a mis planes de adolescente), pero pasó que la vida de casada (al menos con ese sujeto) no fue precisamente el cuento de hadas que imaginé. Así que decidí separarme a los 28, y finalmente decidí divorciarme, como la gente a los 32.

Siento que a los 32 recién comencé a vivir como yo quería, sin claramente dejar de ser objeto de críticas, prejuicios o levantadas de ceja de parte del resto. Y les contaré otra cosa, no fue hasta hace poco, a mis 36 años, que volví a reinventarme, me exorcicé de varios conceptos sobre el amor y las relaciones, así como también sobre el mundo y el trabajo, que concluí que no eran tan certeros o al menos a mí no me estaban sirviendo. Comencé a priorizar otras cosas y  volví a ser muy feliz.

A lo que voy, es que si bien, la sociedad nos impone que una mujer (un hombre también) a los 30 años ya debiese tener todo muy resuelto y muy claro, esta fórmula “mágica”, no aplica para todos los seres humanos. Por lo que todos tenemos todo el derecho a replantearnos una y otra vez la vida, nos sólo a los 30 años, sino que durante toda nuestra vida. Es como dicen por ahí, sólo los burros, no cambian. Y es como dijo alguna vez el maestro Albert Einstein “no pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”.

Durante nuestra vida, nos enseñan que  los 30 años es el tiempo de echar raíces, de tomar decisiones que serán para siempre, decisiones de vida radicales, que es el tiempo para sentar cabeza y para abrazar esa cosa que pareciera ser tan maravillosa que llaman “estabilidad”. Pero lo que nadie nos dicen que los seres humanos somos mucho más complejos que eso, que esto no es como saber que hay ciertas edades en que te tienen que llegar la menstruación, ciertas edades en que parte el climaterio y ciertas edades en que llega la menopausia. No, el sentido de la vida no es algo científico, de hecho, no tiene mucha lógica, está llena de sorpresas y de misterios, de lo contrario, no tendría sentido alguno. La vida es un viaje.

Así que todas, tenemos derecho a replantearnos nuestra vida completa cuando se nos venga en gana. Replantearnos si queremos seguir en esa relación o no, seguir en ese trabajo, seguir ejerciendo la profesión que escogimos o lanzarnos en nueva empresa, si seguir o no con nuestro look, si seguir o no ese manual sobre el amor que nos entregó nuestra mamá o aquél que armamos sacando apuntes de comedias románticas. Si seguimos o no viviendo como hemos venido viviendo hasta ahora, si seguimos viviendo en la casa en la que hemos habitado por años, en nuestro país de origen o si queremos irnos a otro rincón del mundo.

No hay cambio que sea fácil. Porque cuando son importantes, tienen ese ingrediente, el de la complejidad, sino, no tendría ninguna gracia ni ningún impacto real en nuestras vidas. Pero los cambios son los que nos mantienen vivas, son los que nos hacen aprender cosas nuevas, son los que nos dan nuevas experiencias, lo que nos hacen crecer. No hay cambio malo, no existe tal cosa. Así que si estás leyendo esta nota y estás por tomar una decisión, siempre elige por una sola cosa: aquello que te haga feliz, si lo haces, el éxito te está asegurado.

 

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