El ABC de los amores tóxicos

Los relaciono con el gusto por los cigarros: hacen pésimo, te llenan de humo el corazón, en cada aspirada uno se quita un segundo de vida, al final te matarán y aún cuando uno lo sabe, el vicio es más poderoso porque son tan ricos especialmente en momentos de angustia, miedo, estrés y jolgorio. Llenan vacíos.

¿Quién no ha tenido y vivido alguna vez uno de estos amores? La mayoría de nosotras y nosotros los ha saboreado. Me incluyo en este listado.

Los amores tóxicos tienen características que los delatan como tal:

Sexuales: Estas relaciones tienden a ser súper eróticas. El sexo es grandioso, la atracción química suele sentirse como radioactiva. Por lo mismo, tienden a hacernos sentir “empotados” , como se suele decir vulgarmente, dicho de otro modo menos coloquial, nos hacen sentir sin el control en esa área. Uno siempre quiere más…. “es la última vez”, uno dice, cual drogadicto que está a punto de morir de su última sobredosis.

Elásticas: Los amores tóxicos van y vienen. Siempre hay uno (o a veces son los dos) que se siente alertado de que algo anda muy mal y tiende a dar término a la relación, claro que sin éxito. Hay regresos (muchos) y pareciera que mientras más tóxica se va tornando la relación, los regresos son más adrenalínicos y apasionados. El sexo se vuelve cada vez más poderoso y es usado para solucionar todo y dar borrón y cuenta nueva. Obvio que eso no sirve.

Montaña rusa: Tienden a tener siempre el factor sorpresa, porque como no hay equilibrio, nunca nadie sabe qué es lo que irá pasar. Eso muchas veces llama la atención, y claro puede partir como un juego entretenido, pero con el tiempo, se tornará una pesadilla, y un desgaste continuo. Quita energías y ensombrece la claridad de mente y corazón.

Abusivas: El componente abuso y/o maltrato de cualquier tipo también son parte de este tipo de relaciones. A veces toma la forma de la infidelidad, otras del maltrato físico y/o verbal, en ocasiones es muy sutil y en otras es muy clara. Pero como sea, acá hay un componente de abuso y de vejamen. Y para ello siempre habrá uno que juegue el rol de victimario y otro de víctima, en los casos más graves, a veces, los roles se invierten.

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Oasis: Los amores tóxicos siempre tienen estos momentos de alegría máxima, una sensación de bálsamo o sedación similar a lo que provoca una droga. Los momentos buenos, no son sólo buenos, son magníficos. Por unas horas, por unos días o hasta por unas semanas, pareciera que todo marcha bien, todos están felices, se hacen planes, reaparecen las ilusiones, es imposible pensar que algo saldrá mal y que todo se irá nuevamente al carajo…. Pero eso siempre ocurre. Cuando la relación está realmente viciada los protagonistas, aún sabiendo esto, continúan a cambio de probar un poquitito de cielo, aunque esto sea tan sólo temporal.

Vengativas: Por muy sano que uno de los dos tenga el corazón, el componente tóxico de una relación puede transformar lentamente (es todo un proceso) a una persona buena y generosa en un ser cruel y vengativo. La sensación de ser “víctima” de una relación o de un personaje abusivo hace que uno se rebele, no hay esclavo que no se rebele y cuando lo hace, es mejor encomendarse al cielo. Jamás hay que engañarse, uno no puede cambiar la toxicidad de la otra persona, ya que será éste quien te invada de cosas dañinas a ti. En esta batalla, el mal siempre se impone al bien.

Posesivas: Esta es otra característica vital de este tipo de relaciones. Suelen estar muy presentes los celos, pero de esos patológicos (revisión de redes sociales, celulares, correos y espacios son muy comunes). Palabras como “tú eres mío”, “yo soy tuya”, son muy recurrentes en estas relaciones, y ojo que no son dichas con ningún tinte romántico sino como si el otro fuera un mueble. Al final este tipo de relaciones tienden a aislarte del mundo.

Conflictivas: Así como se hace mucho el amor, se pelea mucho también. Y no son las típicas discusiones de pareja, sino que son peleas a muerte, muchas veces acompañadas con epítetos fuertes, garabatos, descalificaciones y en el peor de los casos, de violencia física.

Desgastantes: Las relaciones tóxicas no sólo te quitan la sonrisa y la claridad de mente y accionar, también te desgastan a nivel energético. En los casos más graves, hay personas que ni siquiera pueden levantarse de la cama después de una pelea o después de uno de los miles de términos con elástico. Te quitan las ganas de hacer cosas positivas.

Adictivas: Cual neoprén, cual cocaína, las relaciones tóxicas tienen un alto componente adictivo. Uno comienza a sentir que ya no tienes control sobre tus impulsos o el comportamiento del otro. Todo está fuera de control, las emociones, las acciones y el sexo. Y si bien uno se siente fatal, es como si uno no pudiese dejarlas, uno comienza a sentir que “necesitas” al otro, como el borracho necesita su petaca. Los límites comienzan a desaparecer hasta quedar nulos, cualquier cosa puede pasar.

Confusas: Se tiende a confundir el sentirse obsesionada con estar enamorada. Ambas sensaciones son muy similares, pero el resultado final de ambas son muy distintos. El estar enamorada, entrega gratificación, sensación de seguridad, amor, compañía, en cambio el estar obsesionada, sólo te trae tristeza, cansancio, desgaste e impotencia.

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Si eres de las que se sintió identificada con una o más características detalladas acá, mejor sigue leyendo, porque sí hay formas de salir a tiempo de este tipo de relaciones:

Aceptación: Como todo proceso, lo primero es darse cuenta que se está en una relación tóxica que no va para ninguna parte. Hay que aceptar que hay algo muy malo en este amor por el cual supuestamente nos desvivimos. Luego de esto, viene el deseo de cambiar el destino, de querer algo mejor para una.

Red de apoyo: Uno tiende a aislarse del mundo, a dejar de contarle a las amistades sobre ese personaje que te tiene literalmente loca, uno tiende a dejar de contarle al resto sobre cómo va la relación, ya que la mayoría ve lo que tú no quieres ver: que está mal y que es dañina. Por lo mismo, si estás en una relación de este tipo, busca apoyo de amistades cercanas o familiares. Cuenta tus cosas a quienes quizás no te van a juzgar, siempre hay gente así a nuestro alrededor. No hay nada mejor que una buena conversación o un buen consejo. Alivia el alma y te abre los ojos.

No te engañes: Este tipo de relaciones te hacen sentir muchas veces co-dependientes, como a los fármacos. Sin embargo, hay algo que si te das cuenta, te hará más fácil ver una salida y empezar a soltar. No eres tú la que necesita a esta persona, es casi siempre, al revés, es el otro el que quiere atraparnos. Tú siempre has tenido el control para romper con este amor viciado. No creas frases tan clásicas como “nadie te amará como yo” o “te irás y te aburrirás como todas”, “nadie me entiende como tú”, esas son sólo manipulaciones para hacerte sentir mal y detener tu vuelo.

Quiérete y mucho: No dejes que nadie te haga olvidar que el amor más importante es el amor a ti misma. Quiérete lo suficiente para decir fuerte y claro palabras como “No”, “aléjate”, “no te quiero ver más”, “no toleraré más esto”, y la mejor de todas, “esto se acabó y para siempre, adiós”.

Busca ayuda profesional: Cuando no es posible dejar un cariño malo por sí sola, anda y busca a un terapeuta que te dé confianza. Sin duda, esto que te pasa no es al azar, y por algo terminaste envuelta en una relación enferma. Hay algo en ti que está enfermo y debe sanarse. No mañana ¡ahora!

Huye: Nadie te juzgará si un día te das cuenta que incluso tenerlo en Facebook, en algún chat o como contacto de celular te revuelve el estómago. Bloquear, eliminar, cerrar, correr por tu vida, son acciones de amor por una misma y no es igual a ser cobarde. Muchas veces simplemente no se puede convivir con un amor así ni siquiera en el mundo online, ya que está la tentación latente que un día, el menos pensando (quizás por el alcohol, la soledad o hasta el aburrimiento) caerás de nuevo. Tampoco te engañes pensando que algún día podrán entablar una relación de amistad. Eso no sucede con este tipo de relaciones, lamentable, pero cierto.

Decreta: El decretar y verbalizar una y otra vez que no tolerarás más este tipo de relaciones en tu vida, porque no te las mereces es una buena iniciativa. Recuerda que lo que le pides al universo, es lo que el universo te dará de vuelta.

Aprende: Todas las relaciones, incluso de este tipo, te dejan grandes lecciones, claro que estas son visibles y analizables siempre y cuando uno haya salido de la trinchera. El intentar aprender algo estando aún el círculo vicioso sólo te hace darte vuelta en lo mismo. Aprende y avanza.

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