El decálogo de los separados

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Separarse no es sinónimo de fracaso. Separarse es parte de un proceso, es como partir de cero. Acá este especialista entrega algunas claves para vivir este momento de la forma más sabia posible.

 

Por Manuel Antonio Godoy

HABLEMOS DE PAREJA Y SEXUALIDAD

Después de justo un año participando en un espacio radial, he ido reconstruyendo ciertas pautas y temas relacionados con este difícil proceso de separación. No sólo he tenido la suerte de contar con las opiniones de los auditores, sus experiencias, sino también de una nutritiva conversación con sus locutores, amigos y  familiares , a propósito de cada tema que hemos puesto en discusión.

Hoy puedo decir que mis explicaciones clínicas, mi forma de ver la separación se han enriquecido, contienen más vivencias y alternativas terapéuticas. Hoy quisiera reeditar el primer artículo del primer programa: 10 puntos sobre la separación.

Quisiera ser  claro  en que no hay mejores o peores maneras de separarse, cada  uno  va construyendo el propio  camino , sin embargo, estas reflexiones son las que en mi  experiencia  se han ido repitiendo a lo largo de los años en mi práctica clínica.

Decálogo de los separados

Separarse es un proceso, no una situación puntual: Parte el  día  en que se habla por primera vez y termina cuando tenemos la certeza interna que es posible estar bien sin el otro. Esto nos coloca en la posición de vivir poco a poco las distintas etapas, desde el desconcierto hasta la pena de la pérdida de un amor y un proyecto. 

Separarse no necesariamente significa “fracaso”: En mayor o menor medida tenemos la  impresión  que hemos hecho  todo  lo posible para evitar la separación, pero no todo está en nuestras  manos . A veces, simplemente, no es posible seguir juntos. La relación de pareja no está en un ámbito de rendimiento, y evaluarla como fracaso o éxito puede llevarnos a mucha angustia. No estamos compitiendo con otros a tener una pareja  estable . Además, una pareja que sigue junta no necesariamente es una pareja “exitosa”. 

Uno se separa de la pareja, no de los hijos:  Familia  y pareja son dos sistemas sociales que transitan por caminos paralelos, pero no son lo mismo. Uno debe tener claro que siempre va a ser padre de los  hijos  y co-padre con la expareja. Al terminar la pareja, también desaparece el proyecto conjunto, sin embargo, no hay nada que no pueda ser negociado para mantener lo más importante de ese proyecto original con los hijos. 

Hay que darse tiempo para estar con uno mismo, para curar las heridas, antes de reiniciar otra relación: Es muy común que tanto hombres como mujeres sientan que necesitan apoyo y afecto en esta situación tan dolorosa, pero es muy fácil en las primeras etapas de separación que exista confusión, rabia y pena en relación a lo perdido. La confusión puede generar más dolor en nosotros y los otros. Uno puede exteriorizar el dolor con quienes estén dispuestos a escuchar, sin necesidad de entrar en el campo amoroso.  

Cuando la rabia ante la separación nos impulsan a hacer cosas que en otras circunstancias no haríamos, pongamos atención a las consecuencias que éstas nos pueden traer más adelante: Por más que queramos que el otro lo viva igual o peor que nosotros, eso no nos va a devolver lo que perdimos. Muchas veces he escuchado de grandes clínicos chilenos que la rabia a veces nos ayuda a vivir la pena, pero no es a través de ella que vamos a superarla. Es decir, la rabia oculta la pena y hace muchas veces que el proceso sea mucho más largo de lo necesario. 

Cuando uno en la pareja toma la decisión de separarse, esto no implica que sea el culpable de ésta: Se requiere de mucha valentía para expresar que una relación ya no da más para uno. Aún cuando dicen que para ser pareja se necesitan dos, y para separarse sólo uno; la decisión la generamos desde una historia que parte en el primer beso. Todas las decisiones que hemos tomado a lo largo de la relación probablemente conducen a la decisión de separación de uno solo. Nadie es culpable, ambos son co-responsables. 

Cuidar a los hijos de las propias emociones: Es común que la pareja le cuente a los hijos su propia versión de los hechos, de quién es el culpable. Los niños y también los adolescentes sentirán que deben tomar partido, perdiendo al “padre culpable”. Eso genera habitualmente una reacción no menos intensa en ellos. Lo que muchas veces sirve a los padres es mirar a largo plazo. Hoy parece lógico, pero mañana puede ser un dolor más que no anticipamos. 

Al que se va: construir un nuevo espacio para vivir y compartir en lo social: A través de este espacio se puede ir reconstruyendo un nuevo YO. 

Al que se queda y vive con los niños: “¡muestra el cambio en la vida de la familia, hazte un espacio para ti, a solas, date permiso para volver a ser tú! (la voz de una de mis pacientes, hablándose a sí misma)

Ojalá hacer el proceso con ayuda profesional: Siempre es sugerible una terapia de separación o post-separación. Al principio puede parecer una forma de cuidar a los hijos, pero en el fondo va a ser para Uds.

 

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