El paso a paso de cómo bajé 13 kilos a mis 30 y tantos

Foto a la izquierda yo con 67 kilos y a la derecha con 55 kilos

Foto a la izquierda yo con 67 kilos y a la derecha con 55 kilos

Lamento si te decepciono, pero acá no encontrarás ni recetas mágicas, ni pastillas milagrosas, ni cirugías raras ni mucho menos métodos que te hacen bajar 10 kilos en una semana. Acá tan sólo encontrarás la forma en que pasé de pesar 67, tirando para 68 kilos a 54. Todo, con mucha disciplina, motivación y por cierto PACIENCIA.

Esta no es una nota oda a la flacura o a la delgadez. De hecho, quiero partir diciendo, con mucho orgullo, que yo amo comer. Me encanta la comida, en especial las pastas, el arroz, los piscos sours y el pan. De hecho, las que abracen con vehemencia la vida sana y la flacura, después de leer esto, ya estarán haciendo arcadas, pero la verdad es que esta nota es para mujeres de 30 como yo, que no se motivan con jornadas de gimnasios ni con dietas a base de lechuga ni con comer todo sin sal, sin azúcar, etc. Dicho de otro modo, una vida llena de privaciones, que por lo menos, para mí, no es vida.

Tampoco en esta nota encontrarán la respuesta a todos sus males, ni pastillas milagrosas, ni recetas, ni nada, porque lo que a mí me hizo bajar de peso, a lo mejor, a otra no. Todos los cuerpos son distintos y reaccionan de manera diferente. La verdad es que mi intención es darle ánimos a quienes en esta edad han decidido bajar unos kilos por salud y también por verse y sentirse mejor con el cuerpo. Y pienso que quizás mi experiencia pueda ayudar en algo. Además, no soy nutricionista (y tampoco me las voy a dar de eso), sino que periodista y mujer.  Así que con algo de pudor, acá va.

Les cuento. Yo ahora tengo 37 años, mido 1.55 m (soy bajita) y de contextura menuda, digamos que de alguna forma, fui creada para no tener exceso de peso. En mis tiempos de adolescente era delgada, pesaba 50 kilos, incluso llegué a los 48 (todo a consciencia, porque vivía preocupándote del peso).

El asunto  es que a mis 33 años, me puse a comer, a dejar de moverme mucho  y a andar en mucho happy hour y llegué a pesar 67 kilos, tirando para 68. Quizás no es tanto en kilos, pero para mí contextura sí lo era. Y se notaba. Supongo que me llené de cosas ricas porque no estaba pasando por mi  mejor momento personal, por un lado, a mí mamá le habían diagnosticado cáncer y por otro lado, quien era mi pareja de ese entonces, le entró, casi de la noche a la mañana, una extraña confusión y me dejó tirada. Ambas cosas, sucedieron con sólo días de distancia. Así que, supongo que para darme ánimo (como lo hacemos muchas) o para pasar las penas, me aboqué a comer y a tomar. Encontré en la comida un refugio.

Tuvo que pasar como un año o un poquito más para que me diera cuenta que ya no me sentía del todo bien (físicamente), mis rulos se pusieron opacos, mi piel seca y la ropa comenzó a quedarme mal, por lo que decidí  que necesitaba bajar varios kilos. Y así, lo estipulé, a pesar que había escuchado miles de veces que en nuestros 30 y tantos, el metabolismo se lentifica y que es muy difícil bajar de peso. Aún así, me tuve fe, total, no perdía nada con intentarlo. Además, me puse metas realistas, nada de esto de bajar 5 kilos en una semana. Mi meta inicial fue llegar a pesar 60 kilos sin importar cuánto me demoraba en esto.

Así que acá va cómo partí hace, más o menos 3 años.  Quiero hacer hincapié que con todo lo que leerán a continuación bajé 13 kilos. Me demoré 3 años en esto. Así que digamos que fui constante, disciplinada y muy paciente En el camino, me di cuenta que mi metabolismo se aceleró , por lo que después comencé a bajar  de peso sin mucho esfuerzo. Y puedo también decir que el haberlo hecho de esta forma, con paciencia y sin la ayuda de pastillas raras, cirugías invasivas ni dietas extremas, ha sido la única forma de bajar de peso y no caer en el rebote (volver a subir lo bajado o peor, subir el doble).

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Con 67 kilos y contando…

Primera etapa: la más sufrida, pero la más importante

En esta etapa saqué de mi dieta lo más preciado para mí: EL PAN, llámese, marraqueta, hayuya, pan de molde. Y si era mucha mi ansia por el pan, comía pan pita (uno o dos al día).  Tuve que sacar otro tesoro: el trago. Terrible. Adiós pisco sour (que tiene como mil calorías, casi lo que debo consumir en comida en un día entero UF!). Y si iba a un happy hour pedía una copita de vino. UNA! No la botella. Otra alternativa era un espumante que también son más bajos en calorías.

En esta etapa también decidí moverme más. Como yo odio los gimnasios o hacer ejercicios, decidí caminar más, porque siempre me ha gustado caminar y pensar. Así que tracé lo siguiente. Después de mi trabajo, yendo para mi casa, me bajaba dos estaciones de metro antes de la que me correspondía (una caminata de al menos unos 10 minutos). Por otro lado, decidí extender mi paseo con Marley (mi perrito) de lo que acostumbraba (unos 10 minutos) a media hora. Todo esto de manera diaria, aunque hiciera calor, aunque hiciera frío, aunque estuviera muy cansada. Ruda.

Segunda etapa, no tan sufrida, pero sí rigurosa

En mi trabajo de entonces, me daban unos tickets restaurantes para almorzar, lo que era muy práctico, el problema es que como trabajaba al lado de un Mall, por lo general, terminaba comiendo pura comida chatarra. Así que saqué esto  de mi vida, y usaba los tickets para comprar comida saludable en el supermercado. Eliminé por un buen tiempo todo lo que era arroz y fideos y comía cosas como atún, lechuga, choclo, huevos duros, palmitos, palta, tomate, alcachofas, espárragos, etc. Y cuando me quería dar un gusto le echaba una cucharadita de mayonesa. Y si quería darme un gusto mayor, agregaba vienesas (aún cuando tienen mucha grasa y no son saludables, pero algún gusto tenía que darme). Nunca quedaba con hambre porque me servía una muy buena porción de todos estos alimentos. Tampoco me volví loca contando calorías, creo que eso es medio demencial. En realidad lo que aprendí en esta etapa fue a comer cuando tenía hambre y no sólo por golosa. Nunca hice dieta, sino que cambié mis hábitos alimenticios, y creo que por ahí acerté.

Me hice fan de la jalea  entre comidas,  del  yogurt y de la manzana verde. Luego, en la tarde, me hacía una sopa si tenía hambre y mi pan pita con palta o choclo con un poquito de mayonesa. Ah! Y por la mañana comía frutas, muchas frutas. Nunca dejé el café por si acaso. Soy adicta y mi día no es día sin tomar al menos una taza. Claro que no le echaba azúcar, sino que gotitas, no muchas. Lo  bueno es que me gusta la bebida gaseosa, pero no soy adicta a ella, por lo que eliminarla de mi dieta no fue para nada difícil. Les recomiendo sacarlas a quienes quieran bajar de peso porque son muy calóricas (incluso las que dicen que no tienen calorías o son light) además te inflan.  Y si es mucho el gusto por ellas, restringirse a un vaso de bebida al día.

Fue así que lentamente, pero muy lentamente, comencé a bajar de peso. Me pesaba todos los lunes en el trabajo (tenían una pesa digital ahí) y anotaba mis triunfos, esto lo hice como una forma de recordar siempre que lo estaba logrando y así me daba ánimo. Recién al mes de todo esto, bajé 1 kilo. Supongo que cualquiera se habría desanimado con un resultado tan lento, pero yo no, simplemente seguí.

Tercera etapa, un poquito más de placer en la vida

Al ver  que bajaba un kilo por mes, me di un gustito. Comía muy sano de lunes a viernes, sin nada de alcohol y con la caminata de los 10 minutos más paseos con Marley, pero el sábado o domingo me daba un gustito. Me comía su buen plato de tallarines, me tomaba su copita de vino. Ahora, aclaro que si bien era muy placentero en el momento de hacerlo, después me dolía mucho el estómago, porque claro, como que el cuerpo se acostumbra a ciertos alimentos y alega cuando le echas algo que comienza a parecerle “raro”. Hay que tener ojo con esto y escuchar al cuerpo para no enfermarnos.

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Comencé a bajar de peso, lento, pero seguro…

Cuarta etapa, con más motivación

Al ver que ya había bajado como 7 o más kilos, comencé a notar que la ropa me quedaba mejor. Me sentía toda una modelo (sin serlo, claramente jajaja), pero me sentía rica. También el resto comenzó a notarlo y me decían que estaba mucho más flaca y que me veía bien. Así que continué este proceso con más motivación que antes y pesándome una vez a la semana (con excepción de esos días de regla, porque ahí uno tiende a pesar un poquito más por retención y ¿para qué amargarse cierto?). Logré no obsesionarme con la pesa, porque ojo, no hay nada más demente que estar pesándose todos los días. No lo hagan.

Quinta etapa, el cambio

En el 2015 ya pesaba 60 kilos y dejé de ser tan re rigurosa con los alimentos. En el sentido que comía, arroz, fideos, pan, pero todo moderadamente. Y si un día me comía una hamburguesa, al día siguiente me portaba bien y comía menos o caminaba más. Me di cuenta que en cosas de peso, la ley de la compensación funciona muy bien. Por eso, muchas personas que son buenas para comer, después van 4 horas al gimnasio, y está bien si les gusta, pero como yo odio los gimnasios, prefería  no comer tanto y caminar más. El resultado es el mismo.

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Foto actual de mis 37 primaveras

Sexta etapa, el hoy

Hoy peso 54 kilos. Y viendo fotos antiguas (como las publicadas, con ciertas plancha, en este blog) puedo ver ante mis ojos el gran cambio de mi cuerpo. Me quité varios años de encima, me puse más ágil, se me pusieron lindos mis rulos, de hecho logré que el pelo me creciera saludablemente (no lo tenía así de largo desde que tenía 20 y tantos)  la piel se me puso más linda, es realmente increíble. Y más encima me siento mucho más bonita y liviana (lo que para el sexo, es estupendo, paso el dato, por si eso también motiva).

Hoy como normal y de todo y cuando me excedo un día, aplico la ley de compensación. De esta forma, procuro no subir de peso. De vez en cuando (con suerte una vez al mes) me tomo mi sour y soy feliz.

Lo otro que he ido agregando a mi dieta actual es el yoghurt y los frutos secos (los dos juntos). La porción que consumo es lo que cabe en un vaso pequeño, y consumo esto entre comidas, ya que sacia el hambre, así uno no llega con un hambre terrible a la siguiente comida.

Así que si tú, que acabas de leer esta nota, estás en medio de este proceso de bajar de peso o tienes ganas de cambiar tu cuerpo y sentirte mejor, pero de manera saludable y sin poner en riesgo tu salud, yo te digo, con mucha certeza y convicción que se puede, las claves son:

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No seré modelo, pero hoy estoy muy cómoda con mi apariencia, estoy como quiero jajaaj

1-Motivación (da igual la que sea, estar más saludable, entrar en un vestido X, verte menos panzona, tú eliges la motivación)

2-Disciplina (sin esto, lo más probable es que a la semana termines asaltando el refrigerador. Hay que ser rigurosa)

3-Paciencia (vital, no esperes bajar 10 kilos en una semana y desconfía de todo método que te garantiza esto, porque no es saludable. Y después subirás la misma cantidad de kilos o peor, el doble. Tente paciencia. Si comes menos y mejor, tienes que bajar de peso. Es la ley de la vida. Ahora, si notas que no pasa nada, lo mejor es que vayas donde un especialista para que te hagas un chequeo físico, nunca está demás. Ah! y no te engañes, o sea, si quieres bajar de peso, no hagas esto de comer lechuga en el almuerzo y después tomarte 4 piscolas en la noche. Eso, no sirve.

4-No te rindas (y esto vale para la vida en general), si te cuesta bajar de peso, entonces esfuérzate el doble, no bajes los brazos, no te conformes con esto de “ah yo no puedo”. Lo podemos todo siempre cuando lo queramos de verdad. El resto, son puras excusas.

5-Llega hasta un peso saludable y para. Algunas mujeres se empiezan a obsesionar un poco cuando bajan de peso y termina tan re flacas que se ven mal. No lo hagas, llega hasta tu peso ideal. Dicen por ahí que corresponde al de tu estatura. Por ejemplo, si yo mido 1.55, yo no debo pesar más de  55 kilos. Y un dato, como en invierno tendemos a necesitar más calorías (el cuerpo lo pide y si lo pide es porque lo necesita), lo óptimo es que llegues a esta estación  pesando unos 2 kilos menos que lo que corresponde, así cuando llegue el invierno, puedes subir esos  2 kilos sin problemas y volver a bajarlos en verano.

6-Acepta tu cuerpo y tus curvas: No todas nacimos para ser flacas, flacas o para que se nos noten las costillas y los huesos. Por ende, no te obsesiones con estereotipos de belleza que por lo general, no son ni reales ni saludables.

ÉXITO Y ADELANTE CON ALEGRÍA Y JUVENTUD.

 

 

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