La importancia de ser una mujer de 30 libre e independiente

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En los últimos años se ha validado lo que se conoce como la “generación canguro”, ustedes saben, gente entre los 25 y 35 años (o más)  que a pesar de ser profesionales y de contar con un ingreso, prefieren seguir viviendo con los papás. Acá, una pequeña reflexión sobre esto.

Una nace libre. Bueno, al menos eso  es lo que dice la Constitución. Pero, la verdad es que una jamás es 100% libre. A lo largo de nuestra vida vamos encontrándonos con nuestros pequeños tiranos,  como lo son el dinero, las deudas, las cuentas, la necesidad de hacer algo en esta vida que nos genere algún nivel de ingreso para subsistir, el jefe, lo estándares impuestos por la sociedad, la moda,  y un largo listado de otras cosas más.

Y por muy “free spirit” que una puede ser, es imposible desligarse de estos pequeños tiranos, salvo que un día decidamos vivir en una ruca, sin luz, desnuda y plantando papas. Cosa que puede ser el sueño de muchas, pero es poco realista. Pero a pesar de todo lo anterior, lo que jamás comprenderé, como mujer de 36 años e independiente que soy, es que alguien, de manera voluntaria (y no por algo circunstancial), no sólo conviva con esos tiranos nombrados anteriormente, sino que además, no abogue por ser lo más libre posible.

Ser libre (en mi opinión personal) es llevar la vida que a una se le venga en gana, sin tener que estar dependiendo de la opinión del resto. Ser libre es cometer errores y aprender de esas experiencias, ser libre es no volver a tu casa por una semana sin tener que andar dando explicaciones. Ser libre es ser ahorrativa o muy gastadora, sin tener que darle explicaciones a nadie. Ser libre es hacerse cargo de una misma, en todo aspecto: económicamente, emocionalmente y socialmente. Dicho de otro modo, es limpiar solita las cagadas que una se manda.

Ser libre (y acá viene el redoble de tambores) es cortar el cordón umbilical. Sí señoritas (y señores por lo demás) es entender que una vez que una llega a cierta edad “prudente”, los papás están para cuidarlos y no para que se la pasen cuidándonos, aún sabiendo que nuestros padres siempre nos verán como niños. Sólo cortando ese lazo profundo (que no tiene nada que ver con dejar de amar a los padres ni dejar de verlos o llamarlos) es cuando recién partimos viviendo nuestra propia vida, formando nuestras propias rutinas, construyendo nuestro propio núcleo, imperfecto, mejor o peor, como sea, pero nuestro.

O sea, es rico llegar a casa y que tu mamá te tenga la comidita calientita, la cama hecha y la ropa lavadita. Pero llega un momento en esta vida que hay que aprender a volar solita. Ok, a lo mejor no habrá comida calientita cuando lleguemos agotadas del trabajo, de seguro que no habrá nada para comer o peor, comida recalentada, la cama estará exactamente como la dejamos, y cuando estemos resfriadas tendremos que bajar a la farmacia para comprar el remedio,  pero ….. estaremos viviendo nuestra propia vida y tomando nuestras propias decisiones: VIVIENDO, le dicen.

Existe todo este cuento o más bien, validación social sobre la famosa generación “canguro” como le dicen por ahí, en que tanto mujeres como hombres, deciden seguir viviendo con los papás, aún cuando ya son profesionales y ganan lo suficiente para arrendar algo propio. De seguro que existen miles de estudios científicos que puedan explicar este fenómeno, pero… yo creo que ¡no es natural!

Lo natural es querer ser independiente, ahora claro, esto tiene un costo, hay que trabajar, hay que ser medianamente responsable, tendrás que lavar tu ropa, y resolver tus propios problemas. Tendrás que sostenerte por tus propios medios y pararte con tus propios pies. Obvio que los padres siempre estarán ahí para darte alguna ayudita, pero ellos deben dejar algún día de ser tu sostén.

Ahora, también hay casos particulares (por no decir patológicos) en que los hijos siguen viviendo con los padres por manipulación emocional. Sí, suena feo, pero tampoco es tan poco frecuente. A veces, por alguna razón, los hijos se sienten culpables o responsables por alguna situación de la mamá o el papá o de ambos (por ejemplo, la madre fue abandonada por el padre) y deciden postergar su vida entera para darle a la madre, al padre o a ambos ese apoyo que va de la mano con quedarse a vivir en casa, dejando en “pausa” su propia vida.

Esto puede parecer muy honorable, y muy generoso, pero a veces detrás de esta acción, hay un padre o una madre que no quiere “soltar”  a ese hijo. Esto son los casos con los que hay que tener mucho cuidado, porque lo “normal” es que los padres ambicionen a que el hijo o la hija haga su propia vida y corra por cuenta propia y no que se quede eternamente aferrado a la familia de origen.

Hay quienes dicen que tengo un pensamiento muy “gringo” de ver la familia (viví en USA pero hasta que tenía unos 11 años), por lo que no creo que de ahí venga mi sentido de libertad e independencia, creo que es algo que me inculcaron mis papás y es algo genético también.  Pero producto de esto también soy una mujer de 36 que hace varios años ya que vive sola, que se mantiene sola y que arregla sus dilemas sola. A veces cae ayuda, pero en general, me las arreglo solita y con la cara llena de risa porque yo AMO mi libertad, AMO mi independencia y no la cambiaría por nada del mundo.

Y sinceramente creo que cuando nos damos cuenta y confirmamos que podemos volar con nuestras propias alas, nos sentimos mejor con nosotras mismas, se nos infla el autoestima y el ego, y entendemos que no necesitamos realmente a nadie más que nosotras mismas para ser felices.

 

 

 

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