Los procesos del duelo amoroso

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Duele perder un amor. No importa la edad que tengamos ni la experiencia que tengamos en materias amorosas.  Si estás pasando por esto, quizás te podamos acompañar con esta nota. La vida es maravillosa, aún sin él.

Cada una vive sus duelos amorosos como quiere o más bien, como puede. Es un proceso muy personal, por lo que es imposible dictaminar periodos de duración, ni cantidad de lágrimas derramadas.

Hay quienes deciden vivirlo de manera solitaria, salen poco, se refugian en su casa o a lo más en las personas más cercanas, otras, en cambio, sienten la necesidad de salir al mundo, distraerse, convirtiendo su vida social en una fiesta sin final.

También están quienes viven este proceso con mucha rabia, egocentrismo, culpando al otro por todo lo sucedido en la relación, convirtiéndose en víctima de las circunstancias, lavándose las manos. Hay otras que lo experimentan como un momento altamente depresivo, lleno de pasajes oscuros y tristes, olvidándose de reír y de que la vida sigue con o sin esa persona.

El duelo amoroso no es fácil para nadie y nunca lo es, no importa la edad que tengamos, ni cuánta experiencia tengamos en términos o rupturas. No importa ni siquiera si fue una la que tomó la decisión o la tomaron por ti.

Cuando el amor se va, cuando el amor se muere, cuando el amor te abandona, duele. Pero hay que entender que es normal que así sea, que es parte de la vida, que es parte del hermoso riesgo de amar y de estar en una relación.

Así que esta nota va con dedicatoria, va para todas las que en este momento están pasando por este proceso. La idea es entender que esto es algo de lo que nadie está a salvo de sentir o experimentar. Y que todo pasará.

*El preludio del adiós

Esto no pasa siempre, pero a veces una intuye que la relación va a terminar o más bien que hay una posibilidad de que así sea. Las cosas no están bien, una no está bien y ve que el otro tampoco lo está. Por lo que cada día parece más inminente que esto pase. El preludio del adiós que puede ser días, semanas o hasta meses es bien agobiante. No está la certeza de que sea lo mejor separarse, pero tampoco está la certeza de que lo mejor sea seguir juntos. Es el tiempo en que uno intentar hacer cosas para que las cosas mejoren, en que una intenta tener distintas conversaciones, da señales, advertencias, etc.

*La negación

Cuando el adiós finalmente llega, aún cuando, era algo así como la crónica de una muerte anunciada, puede ser que no se le tome el peso que corresponde. Como que una no lo cree, como que no puede ser, aún cuando a su lado ya no eras feliz. Puedes llegar a pensar que mañana se le pasará y todo estará como siempre, puedes llegar a pensar que tal vez está estresado, cansado, y que en unas horas o días más, reaccionará y todo volverá a ser como antes. Te niegas a soltar, te niegas a pensar que realmente se acabó, te niegas a creer que él realmente ya no te ama más.

*La rabia

Resulta que la realidad te cayó como un balde de agua sobre la cabeza y en realidad, cuando te dijo que para él era suficiente, estaba hablando en serio. Te das cuenta que lentamente su preocupación e interés por ti va desapareciendo. Y como tú sigues ahí, esto te comienza a generar rabia, impotencia, frustración y ofuscación. Tu ego empieza a hablar y a manifestarse. Sacas la cuenta de todo lo que diste en la relación, de todo lo que lo amaste y te preguntas ¿esta es la forma en que me paga? También sientes rabia contigo misma porque en el fondo sabes que si no funcionó algo no hiciste o hiciste.

*La pena

Una bien oscura, que sale del alma. Sientes mucha tristeza, decepción. Te sientes sola. Te parece injusto también. Escuchas canciones tristes, ves películas románticas y lloras, revisas las fotos una y otra vez, ese mensaje que te mandó alguna vez y que te enamoró. Buscas cosas del pasado para recordar que lo de ustedes sí fue real.

*La nostalgia

Comienzas a recordar cada uno de sus virtudes, lo idealizas incluso. Recuerdas con bastante realidad lo feliz que te sentías con él. Todo te recuerda a él, una canción, una película, un dicho, una calle, absolutamente todo. Sientes nostalgia por el pasado, por aquél tiempo en que estaba todo bien. Y te dan ganas de revivirlo, porque quieres revivirlo como sea. Hasta estás segura que se puede revivir.

*La realidad

Y luego, nuevamente la realidad te pega un cachetazo. ¡Sorpresa! No se puede revivir, no al menos hoy y es posible que nunca. El pasado ya se fue, el futuro aún no existe, por lo que tan sólo puedes lidiar con el presente, y el presente dice que hoy ustedes ya no están juntos.

*El repaso

Piensas una y otra vez en todo lo que pasó en la relación. Te das cuenta que hubo cosas que hiciste y que no estuvieron bien y que él hizo cosas que tampoco estuvieron bien. Te martirizas un poco con tus errores. Lo odias un poco por los suyos. Repasas mentalmente cada uno de los momentos. Llegas a buenas conclusiones, otras que no te convencen. Te preguntas “¿y si no hubiese hecho esto o lo otro, aún estaríamos juntos?”. Si bien esto es parte normal del proceso, en especial, del femenino, nosotras te decimos que no hay que perder tanto tiempo y energía en estas preguntas, porque las cosas fueron como fueron. Y no puedes cambiar el pasado, sólo puedes mejorar tu presente.

*La espera

Puede que te den ganas de esperar. Esperar a ver qué pasa. Esperarlo a él e incluso esperarte a ti misma. Ahora, eso no tiene nada de malo, siempre y cuando, no estés colocando todas tus energías y esperanzas en la espera. Que no estés haciendo tu vida en función de esperarlo a él o a que la relación se recomponga. O sea, eso puede pasar, pero no necesariamente va a pasar. Y obsesionarse con esto puede traerte más daño y tristeza, porque tampoco te permite avanzar y ver nuevas oportunidades, te estanca, te obliga a estar quieta.

*La bipolaridad

Un día bien, un día mal. Un día eufórica al otro día depresiva. No te angustias, la bipolaridad de las emociones forma parte del proceso. Hay días en que amanecerás radiante, invencible, y luego, al siguiente u horas después, algo pasará (aunque sea solo en tu mente) en que te sentirás triste y miserable.  Un día le jurarás amor eterno y al otro, lo odiarás con tus vísceras. Esto se mantiene por un tiempo, pero luego, las emociones tienden a equilibrarse. Las cosas ya no duelen tanto, ya no sientes tanto, por lo que comenzarás a tener una semana maravillosa, un par de días malos no más y así. Ten paciencia.

*La calma

Lentamente comenzarás a recuperar tu calma, tu tesón, tu paz mental. Comenzarás a disfrutar nuevamente de tu vida, de tu nueva vida. Y caerás en la cuenta que en realidad es bien buena, en especial cuando ya no hay tanto drama, cuando ya no hay dolor ni expectativas para que una relación funcione. De pronto ya no esperas nada.

*Todo comienza a calzar

El tiempo y la distancia tienen la capacidad de hacernos ver cosas que antes no veíamos, a darnos cuenta que nuestra relación si bien pudo ser hermosa y pudo dejarnos muchas lecciones, por algo no siguió. Por algo tu ex es tu ex. Comienzas a ver cómo la madeja se desenreda, cómo comienzan a abrirse nuevas puertas y ventanas, nuevas oportunidades. Y un día, no muy lejano, sabrás con mucha certeza que de haber seguido juntos, todas esas bendiciones, jamás habrían llegado a tu vida. ¿Porqué? Porque así es la vida no más. Y hay que sentir que es una bendición que haya sido así.

*Haces tuyas las lecciones

Porque toda experiencia es lección. Es mejor no hablar de malas o buenas experiencias, mejor decir que son experiencias a secas. Todo lo vivido o no vivido nos sirve de aprendizaje y no sólo para implementar en la relación que viene, sino para nuestra vida y bienestar.

*Sueltas y mandas amor

Esta es como cuando uno se gradúa un magíster. Pudo ser rudo, pudo ser agotador, pudimos tener miles de dudas y pudimos llegar a pensar que nunca entenderíamos nada. Pero un día, tampoco muy lejano, sí lo entiendes. Y te das cuenta que la otra persona, con todos sus defectos y virtudes en realidad no se merece las penas del infierno. Que si te dejó de amar es porque el amor a veces se va transformando, que no lo hizo de maldad. Ni esto tampoco lo hace ser un ser despreciable, sino que lo hace ser un ser humano tan imperfecto como tú. Le deseas lo mejor y de corazón. Incluso puede que ni siquiera se lo puedas decir a él, pero con hacerlo en silencio, te basta. Esperas que él sea feliz en su nuevo camino y si algún día se reencuentran para tomar un café y conversar, estará bien, pero no es tu objetivo en esta vida, tu meta eres tú.

*Disfrutas  de tu nuevo hoy

Hoy tienes otras cosas, amistades, relaciones, pensamientos, sentimientos, etc. Y cuando lo recuerdas, la verdad es que ya no sientes ni odio parido, ni amor eterno, sino que una sensación de paz y calma. Te gusta tu vida tal como está hoy y esperas de corazón que él también sea feliz aún cuando sea sin ti, aún cuando no lo hayas podido acompañar en ese camino.  Y lo más importante, sólo sabrás que lo has superado bien, cuando hables sobre lo que pasó o sobre él, sin llorar.

 

 

 

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